Con 11 años o juegas, o te tiras por un balcón.

“No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.”


Esas son las últimas líneas de la carta de despedida a su marido de Virginia Woolf antes de suicidarse.

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El 28 de marzo de 1941, la escritora, considerada una de las mejores novelistas en lengua inglesa, se llenó de piedras los bolsillos de su abrigo y se ahogó voluntariamente en el río Ousse, cerca de su casa en Sussex. La carta que dejó de despedida a Leonard Wolf, su marido, ha sido caso de estudio tanto para académicos como lectores. Es esta:

Querido:

Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.

V.

Virginia Wolf sabía que tenía una enfermedad que no se conocía por aquel entonces: un trastorno de bipolaridad que le impedía trabajar y la sumía en una fuerte depresión que claramente se refleja en su carta.

Al morir Virginia Wolf quedó en el olvido, hasta que en la década de los 70 se empezó a rescatar su obra. Feminista declarada, fue amiga de grandes escritores como Joyce o Marcel Proust. También se educó en un ambiente totalmente literario y formó parte del grupo Bloomsbury, un clan iconoclasta y rebelde que renegaba de la clase media.

El otro día, 75 años más tarde, Diego González, un niño de tan sólo 11 años se lanzaba por el balcón de su casa porque no quería volver al colegio, dejando una nota a sus padres que me ha hecho reflexionar mucho y escribir este post. Entre otras cosas Diego decía lo siguiente: “Espero que un día podamos volver a vernos en el cielo”. No creo sinceramente que los pensamientos de Virginia fueran siendo escritora más directos que estos.

Si quieres leer la nota entera, puedes hacerlo aquí.

Es difícil imaginar que alguien pueda quitarse la vida. Pero más difícil todavía me resulta cuando es un niño de tan sólo 11 años, y escribe con esa claridad de ideas y palabras de amor hacía su familia.

Me pregunto qué pasaría por su cabeza para tomar esa decisión: tirarse por un balcón dejando atrás todo. ¿Qué sucedía en su entorno? En ese colegio al que no quería volver. En su clase. De camino al colegio o en cualquier rincón.

Ahora todo el mundo se pregunta lo mismo que nosotros, pero ya es tarde. No puedo quitarme de la cabeza ese momento en que el niño se sentó a escribir, para intentar dejar unas lineas que pusieran un poco de orden y esperanza en las mentes rotas de sus padres.

Mientras escribo estas líneas y veo a mis hijos de 9 y 7 años delante del televisor tan tranquilos, me pregunto cómo poder protegerles y darles la tranquilidad para que tengan la confianza de contarme cualquier problema que puedan tener antes de tirarse por un balcón.

Son muchas las campañas y acciones que se han hecho para tratar tanto el bullying como los abusos sexuales a menores. Temas completamente separados, pero que cito de manera conjunta ya que me producen las mismas nauseas.

Una de las campañas/acciones que siempre me ha encantado, es la de la Vancouver Opera con el título “Stickboy”. Escribieron una ópera absolutamente impactante (compuesta por Neil Weisensel y con libreto del artista Shane Koyczan), que explora la vida de un niño cuya vida se transforma debido al bullying.

Para promocionar la obra, la opera de Vancouver junto con DDB Canada, crearon una poderosa acción callejera que podéis ver en este video. Merece la pena.

Estas son también algunas de las piezas gráficas que hicieron para promocionar la Ópera.

Me encanta la dirección de arte acompañada por potentes titulares que te “atacan”, junto a una línea de texto explicando el concepto: “Si te sientes mal con unos pocos segundos, imagínate cómo te sentirías sufriendo 13 años de bullying seguidos.”

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Y esta una animación alucinante que no podéis dejar de ver:

En cuanto a los abusos sexuales a menores qué os voy a decir. Creo que no hay nada peor en este mundo. He tenido la suerte de colaborar con La Fundación Rana y Palma Pictures escribiendo el guión de un spot que se emitió el año pasado. Poco trabajo para poner un granito de arena y ayudar a un equipo de gente cuya labor no tiene precio. Actualmente están haciendo por cierto una campaña muy interesante con los hastag #ni1abusoinfantilmas y #yosoyrana.

Pero si hay una campaña que merezca la pena mencionar aquí para despedirme, es esta acción que realizó Unicef en Chile, en la que un hombre disfrazado de algodón se metía entre los niños de un parque. La nota que deja a sus padres antes de irse, creo que te dará tanto que pensar como me dio a mi.

Suerte Diego.

Que pronto te encuentres en el cielo con quien te querías encontrar. Seguro que allí estarás más tranquilo esperando.

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